¡Bravo cabrón!

Un vídeo de la autoría de Magda Fonz, desde Villa Hermosa Tabasco, México, donde nos describe con gran pasión, su orgullo por ser mexicana.

Me doy cuenta perfectamente que mi país me brinda infinidad de motivos para sentirme orgulloso. Sin embargo he de preguntarme, y yo ¿que te brindo a ti bella patria?

Porque he de reconocer que yo no te doy motivo de orgullo. Mi falta de carácter en la vida cotidiana, que me convierten inevitablemente en un “vale madres”. Mi actitud tibia y “agachona” ante las injusticias hacía los más débiles…Y mi soberbia evidente ante el que me pide ayuda. Porque ante este personaje me acomodo para mirarle por debajo de mi hombro, y siento ese siniestro placer al sentirme más poderoso que el.

Todos los días veo la miseria a mi alrededor, y la injusticia, y la impunidad, y el cinismo de mis semejantes. Los policías y los ladrones, todos son iguales! Ni a cual jugarle. Los gobernantes y los gobernados…cínicos! Todos actuando a su pinche conveniencia.

Como poder salir de casa con los ojos cerrados  y llegar a mi trabajo, sin tropezar. Si, porque solo de esa manera se explica que no me dé cuenta de la sociedad que me rodea, esa que hoy me avergüenza, pero a la que he dejado crecer en completa impunidad como al monstruo de las mil cabezas.

Hoy por la mañana abrí por fin los ojos, y lo que mire me asusto!  Siendo las ocho de la mañana, me detuve por cinco minutos en la estación San Lázaro del metro…¡Dios mío!  frente a mí estaba como en otro planeta y con la mirada perdida una anciana enclenque, pidiendo caridad. Sus ojos “saltones” y sus ojeras pronunciadas por la falta de alimento y de hidratación. Sucia, maloliente…¡Carajo! y yo preocupado porque mi carro no circulaba ese día.

A su lado una joven de no mas de diez y siete años, embarazada y con otro bebé amarrado con un reboso mugroso a su espalda, descalzo, con la nariz y la boquita llena de mocos…tenía ella una receta vieja y maltratada y pedía a quién le pasaba cerca una ayuda para comprar según ella, sus medicamentos. Ella con una mueca de sonrisa y toda apendejada por inhalar una pinche “mona”, ¡Puta madre!

Y toda la gente de prisa, en chinga, sin detenerse. Todos corriendo como pinches locos, y desahogando su frustración con el primer pendejo que se les atraviese…con el del microbús, con el del taxi, con su chingada madre!

Mi cerebro se emboto con tantas preguntas sin respuesta…¿Esto es mi México? ¿Neta? Y yo cabrón donde chingados he estado todo este tiempo?

Me salí del metro, cabizbajo, meditabundo, en silencio. Mi cerebro daba vueltas y vueltas, sentí nauseas, se me seco la boca. No mames cabrón cuantos años de “culo presente y de mente ausente”, no me había dado cuenta en lo que he convertido a mi país. Claro que no fue fácil, pero con tu ayuda y con la miles y miles de ojetes “agachones” y pusilánimes, lo logramos.

¡Bravo cabrón! Déjame darte un abrazo, hoy lo hemos logrado, hemos hecho de nuestro bello país la tierra de nunca jamás!

A esta hora, ya estoy en casa, olvidé decirte que ya no me presente a trabajar. Me dedique a caminar y caminar sin rumbo fijo, hasta que me cansé.

El siguiente capítulo de esta historia, me gustaría que lo contaras tu…¿Te atreverías?

Luis Manuel Ávila P.

2 pensamientos en “¡Bravo cabrón!

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